viernes, 30 de abril de 2010

tristeza y
pereza
destrezas de una cabeza
sin ansias de venganza
pero no sin cierta verguenza
por sus últimas andanzas.
Es por esta vida azarosa
sin confianza en su semejanza
con la ultranza
que la vida no le alcanza
para asimilar la enseñanza.

viernes, 23 de abril de 2010

sparklehorse

Mark Linkous

ThE mIrAcLe Is LoVe

patti smith


viernes, 9 de abril de 2010

"La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues esta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza de la vida."

José Martí

martes, 6 de abril de 2010

Parque Chas

Todo porteño en algún momento de su vida tuvo que meterse en este barrio laberintico y tuvo algún tipo de aventura saliendo 20 veces por la misma calle y dando vueltas y más vueltas sin poder salir.
Dolina y Jorge Götling nos relatan un poco sobre este barrio tan particular:

Historia de la manzana misteriosa de Parque Chas por Alejandro Dolina

Existe en el barrio de Parque Chas una manzana acotada por las calles Berna, Marsella, La Haya y Ginebra.
No es posible dar la vuelta a esa manzana.
Si alguien lo intenta, aparece en cualquier otro lugar del barrio, por más que haya observado el método riguroso de girar siempre a la izquierda o siempre a la derecha.
Muchos investigadores han intentado la experiencia formando grupos numerosos. Los resultados han sido desalentadores. A veces sucede que el paseante sigue en la misma calle aún después de doblar una esquina.
En 1957, un grupo de exploradores franceses desembocó inexplicablemente en la estación de Villa Urquiza.
Urbanistas catalanes probaron suerte formando dos equipos y partiendo cada uno en dirección opuesta. En cualquier manzana de la ciudad es fatal que los grupos se encuentren en la mitad del recorrido. Pero en este lugar no sucede tal cosa y hasta se han dado casos en que un equipo alcanza al otro por detrás.
Los más pertinaces han realizado excursiones a través de los fondos de las casas, con el resultado de aparecer siempre dejando a sus espaldas calles que no habían cruzado jamás.
En estas experiencias se descubrió que muchos vecinos son incapaces de indicar en qué calle viven. Asimismo existen casas que no dan a ninguna calle. Sus habitantes se alimentan de sus propios cultivos o de lo que generosamente les pasan por sobre las medianeras.
Los taxistas afirman que ningún camino conduce a la esquina de Ávalos y Cádiz y que por lo tanto es imposible llegar a ese lugar.
En realidad, conviene no acercarse nunca a Parque Chas.

"Perdidos en Parque Chas es la crónica de una frustrada noche de garufa"

Mandeb y sus amigos fueron invitados a un baile en la calle Bucarest.
Desdeñando las advertencias de los hombres sabios, se internaron en el barrio sin salida.
Y ya se sabe lo que ocurre en Parque Chas: uno se pierde irremediablemente. Vale la pena transcribir unas líneas. "A eso de las doce, llegamos a la misma cigarrería. Ya era la quinta vez.
Como en las otras ocasiones, interrogamos al viejo que atendía. Sus indicaciones fueron nuevamente distintas. Loco de furor, salté sobre el mostrador y comencé a estrangularlo.
-Viejo mentiroso...¿cuál es la calle Bucarest? ¿Cómo se sale de este infierno?
El anciano acabó por confesar que no lo sabía. Muy compungido admitió que él mismo había desembocado en Parque Chas en 1939. No habiendo podido salir de allí, se resignó a instalar un quiosco, gracias al cual sobrevivía, aunque abrigaba el secreto anhelo de volver a Villa Crespo, barrio del que nunca debió salir."
Este capítulo finaliza con la providencial intervención de un taximetrero, quien si bien no acertó a llevarlos a la calle Bucarest, por lo menos los sacó -después de varias horas- a la Avenida de los Incas".

Parque Chas/El Laberinto Circular

Por Jorge Götling (Diario Clarín 5-10-2003)
Un coto cerrado, un barrio residencial plácido y amable erigido sobre una planicie unánime: casas al ras, chalés de dos plantas, claros, ventilados, con sol. Parque Chas todavía es un fuerte ubicado en un verde pulmón de la ciudad, defendido por cuatro fronteras: Triunvirato, De los Incas, Constituyentes y Pampa. Y decididamente infranqueable para quien ignore las particularidades de su estructura: sus calles interiores son circulares, concéntricas, cruzadas por otras paralelas.
El laberinto es terror de carteros nuevos, supone encrucijadas que se repiten, como las alucinaciones y las pesadillas: hay dos esquinas Bauness y Victorica separadas por 400 metros. Las redondas remiten a los primeros sueños de viajero, Berlín, Dublín, Atenas, Budapest, Constantinopla, Londres, Hamburgo o Bucarest. Omitirlas para salir al afuera, es uno de sus secretos. Veredas idénticas, cuidadas, suficientemente oscuras como para disfrutar un claro de luna rotundo, casi espectral, como en el campo.
En los años de plomo trucharon exclusiones del código de edificación y se erigieron cuatro edificios, las únicas alturas del Parque Chas. En el resto, persiste la postal de otros tiempos, silencio de siesta, atmósfera de seguridad heredada de su construcción laberíntica y de la falta de comercios. Hay tres plazas, una farmacia, también una única panadería, la misma carnicería de los 50 y varios quioscos.
La plaza tiene apodo vecinal: la llaman El Trébol, como el club emblemático que la enfrenta. Allí, reunión de veteranos y jubilados, naipes, dominó, mentiras, algún Chinato Garda y la tristeza instalada con la misma naturalidad con la que se instala en sus mesas el vino o las moscas.
La iglesia San Alfonso, el Colegio Petronila, el Club Parque Chas son otras condecoraciones. De su gimnasio partieron Abel Laudonio y Cucuza Bruno. En sus carnavales, ella y él sostuvieron las primeras húmedas promesas. En el canto de los pájaros del barrio, dicen que un eco las recuerda.